Saltar al contenido
Educándose En Línea

Bocio Definición y Conceptos

Bocio

 Bocio definición

245px Struma 001 - Bocio Definición y Conceptos

El término bocio de usa para hacer referencia al aumento en el volumen de la parte anterior del cuello debido al incremento en el tamaño de la glándula tiroides.

En condiciones normales esta glándula no es visible y muchas veces no es posible localizarla al palpar el cuello, en el caso de personas muy delgadas es más fácil identificarla especialmente cuando se inclina la cabeza hacia atrás

 

bocio causas sintomas y tratamiento

Causas del bocio

causas bocio - Bocio Definición y Conceptos

Las principales causas conocidas de bocio son:

  • Déficit de yodo: es la causa de bocio más frecuente. Se calcula que en torno a 1.000 millones de personas en el mundo se encuentran en riesgo de padecer déficit de yodo, al vivir en zonas donde el porcentaje de bocio en la población general es mayor del 10%.
  • Inflamación del tiroides por diferentes causas: tiroiditis, infecciones, radiación.
  • Bociógenos (sustancias que pueden favorecer la aparición de bocio): aniones monovalentes, tabaco, litio, yodo, sulfonilureas, salicilatos, aceites de soja, de girasol, de nueces, de cacahuete…
  • Enfermedad tiroidea autoinmune: tiroiditis de Hashimoto y enfermedad de Graves-Basedow.
  • Alteraciones congénitas (es decir, que ya están presentes desde el nacimiento).
  • Enfermedades infiltrativas: tiroiditis de Riedel, amiloidosis, hemocromatosis.
  • Tumores benignos y malignos.
  • Pubertad, embarazo.
  • Otras causas: acromegalia, anticonceptivos orales, mola hidatiforme, etcétera.

 

sintomas

 

La mayoría de los pacientes no presentan síntomas en el momento del diagnóstico, y la presencia de bocio se descubre de manera casual durante una exploración física realizada por otro motivo. En otras ocasiones, el paciente acude a su médico por notarse en la cara anterior del cuello la aparición de un bulto o tumoración, de tamaño variable, que puede ser o no doloroso con la palpación.

La complicación más frecuente del bocio, cuando éste presenta gran tamaño, es la compresión de las estructuras vecinas que se encuentran en el cuello, provocando así en el paciente síntomas como dificultad para respirartos irritativadificultad para tragarronquera o cambios en la voz. A pesar de todo, estos síntomas no soy muy frecuentes.

En pacientes en los que el bocio es tan grande que se introduce en la región retroesternal, la elevación de los brazos puede producir dificultad respiratoria, mareo, e incluso síncope.

La prevención de estas complicaciones se basa en un diagnóstico precoz y un correcto tratamiento médico. Si a pesar de ello se produce compresión de estructuras vecinas, el tratamiento será quirúrgico.

tratamientos

El tratamiento del bocio depende de la causa que lo origina y de los síntomas que produce. Independientemente de la causa, si el bocio es muy grande y produce síntomas por compresión (ronquera, dificultad para respirar o para tragar…) se suele realizar tratamiento quirúrgico, que consiste en la extirpación de una parte del tiroides (hemitiroidectomía) o de la totalidad de éste (tiroidectomía total).

Es necesario valorar, en función de cada caso (edad, sexo, enfermedades previas…), los riesgos que puede conllevar la realización de cirugía.

Cuando el bocio no da síntomas la conducta terapéutica va a ser diferente. En algunos casos el tratamiento consiste únicamente en realizar un seguimiento del paciente cada cierto tiempo, vigilando así su evolución.

El seguimiento de bocio difuso debe constar de una exploración física que incluya la exploración del tiroides y de los ganglios linfáticos, así como la valoración de los síntomas, signos y parámetros analíticos de disfunción tiroidea. Por tanto, es importante solicitar analíticas de control para ver la función del tiroides. El seguimiento se puede hacer cada varios meses o de forma anual, dependiendo de cada paciente.

Otra opción de tratamiento cuando el bocio no da síntomas se basa en la supresión de la secreción de TSH (hormona estimulante del tiroides, secretada por la glándula hipófisis) mediante la administración de una sustancia denominada levotiroxina sódica, que se administra en las fases tempranas del proceso, cuando no se ha establecido todavía la transformación nodular del tiroides.

La terapia con levotiroxina tiende a abandonarse con el tiempo, ya que obliga a mantener el tratamiento de por vida (si se retira el tratamiento recurre el bocio), con los efectos secundarios a nivel cardíaco y óseo que conlleva.

La última opción terapéutica es la utilización de radioyodo (yodo 131), que es el tratamiento de elección en pacientes de alto riesgo quirúrgico y clínica compresiva. Puede presentar efectos secundarios, como inflamación del tiroides (tiroiditis postradioyodo) o hipotiroidismo.

prevención

En cuanto a la prevención del bocio, se pueden llevar a cabo diferentes acciones para evitar su aparición. En primer lugar, la medida más importante consiste en aportar los requerimientos mínimos de yodo para reponer las pérdidas urinarias. La OMS recomienda la ingesta de 100-150 microgramos al día o incluso 200 microgamos al día durante el embarazo o lactanciapara prevenir trastornos producidos por el déficit de yodo.

El contenido de yodo de los alimentos en general es bajo, siendo el pescado y la leche los más ricos en esta sustancia. Por eso, una opción puede ser por ejemplo consumir pescado de mar entre 2 y 3 veces por semana. No obstante, en países desarrollados la principal fuente de yodo es la sal.

En determinadas regiones donde el agua corriente no aporta una cantidad suficiente de yodo, se realizan campañas para el consumo de sal yodada al menos tres veces por semana. Conviene aclarar que la sal yodada tiene la misma función y sabor que la sal común y puede usarse en las mismas cantidades al cocinar.

Otra medida que se puede realizar es evitar bociógenos como fármacos (antitiroideos, sulfonilureas, amiodarona, expectorantes, isoniacidas , salicilatos…), la harina de soja, o el aceite de girasol.

En situaciones determinadas bien por el bajo aporte de yodo bien por predisposición familiar a este problema, debe realizarse un análisis periódico de la función del tiroides mediante la determinación de las hormonas T4 y TSH.

 Diagnostico

Para llegar al diagnóstico de bocio son muy importantes tanto la anamnesis (entrevista clínica realizada por el médico sobre los síntomas del paciente), como la exploración física, pero hay disponibles numerosas pruebas de imagen que permiten obtener una muy buena visión de la anatomía del tiroides, lo que permite concretar el diagnóstico.

  • Anamnesis: debe ser muy detallada, con el objetivo de recoger la mayor cantidad de datos posible. Debe interrogarse al paciente sobre la duración y los cambios de tamaño del bocio (en general los bocios de larga evolución sugieren benignidad, mientras que los de rápido crecimiento sugieren malignidad), la procedencia del paciente (bocio endémico), la ingesta de sal yodada, y el consumo de fármacos que contengan yodo o de acción bociógena, la exposición a radiación cervical (aumenta el riesgo de cáncer de tiroides), la existencia de antecedentes familiares de enfermedad tiroidea (enfermedades autoinmunes), y la presencia de síntomas compresivos locales o generales sugestivos de disfunción tiroidea.
  • Exploración física: debe realizarse una exploración cuidadosa del cuello, tanto en posición normal, como en hiperextensión. Mediante la palpación de éste se determinan, entre otras cosas, el tamaño, la forma y la consistencia del tiroides, si se trata de un bocio difuso, o se delimitan uno o varios nódulos tiroideos, si éstos son superficiales o profundos, si el tiroides es o no doloroso al tacto, o si existen o no ganglios inflamados. La glándula tiroidea normal no es visible, y a la palpación es de consistencia elástica y de pequeño tamaño. Un nódulo de consistencia dura, sobre todo si está adherido a las estructuras adyacentes, o si se acompaña de ganglios inflamados, es sugestivo de malignidad.
  • Analítica de sangre: la medición en sangre de sustancias como la TSH (hormona estimulante del tiroides, producida por la glándula hipófisis), o la T4 (hormona tiroidea) permite ver si existe hiperfunción o hipofunción tiroidea, lo que contribuye a orientar el diagnóstico. Sin embargo, la mayoría de las veces la función tiroidea suele ser normal y los niveles de estas sustancias en sangre son normales. También se puede ver en la analítica de sangre la existencia o no de anticuerpos contra el tiroides (su presencia orienta hacia una causa inmunológica), o de otras sustancias como la calcitonina, que orienta hacia un origen canceroso del bocio.
  • Radiografía simple: en los casos en los que el bocio esté producido por un cáncer, se puede solicitar la radiografía de tórax para comprobar si existen metástasis en órganos como los pulmones.
  • Gammagrafía tiroidea: esta prueba, que consiste en irradiar la glándula tiroidea con radioyodo, permite realizar un estudio funcional del tiroides; es decir, ver qué zonas de éste captan radiación y cuáles no. Así, los nódulos tiroideos pueden ser hipercaptantes o calientes (captan mas radiación que el resto del tiroides), templados (captan radiación de forma similar al resto de la glándula), o hipocaptantes o fríos (no tienen captación).

La información de esta prueba puede ser muy útil, aunque suele ser insuficiente para tomar decisiones diagnósticas y terapéuticas.

  • Ecografía tiroidea: es la técnica de elección para el estudio de la morfología del tiroides, ya que permite definir la existencia de nódulos, su tamaño, y si son sólidos o quísticos; sin embargo, no proporciona información sobre la actividad funcional de los nódulos, por tanto, no informa de la naturaleza benigna o maligna de éstos. También permite controlar el tamaño de nódulos ya conocidos en el tiempo, para ver su evolución o guiar otras técnicas como la punción del tiroides.
  • Punción aspiración con aguja fina (PAAF): permite, sin necesidad de cirugía, conocer la naturaleza benigna o maligna de un nódulo. La PAAF permite obtener células del tiroides que posteriormente son estudiadas en el laboratorio, viendo así si son benignas o malignas. Es una técnica segura y tiene pocas complicaciones, siendo la base del diagnóstico de los nódulos tiroideos.
  • Biopsia quirúrgica: se extrae una porción del tiroides, o éste completo, para su posterior análisis.

bocio en niños

Los niños pueden tener bocio que son difuso o nodular, y los bocio pueden estar asociados con normal, la disminución o aumento de la producción de hormona tiroidea.

 Las causas de bocio en niños y adultos son similares, pero su frecuencia relativa varía sustancialmente. En los Estados Unidos, por ejemplo, la mayoría de los niños con bocio tienen tiroiditis autoinmune crónica, mientras que entre los adultos, bocio nodular no tóxicos predominan.

Bocio puede estar presente en el nacimiento o detectado a cualquier edad a partir de entonces. El bocio puede ser causado por el aumento de la secreción de (TSH) de tirotropina (que actúa como un factor de crecimiento de la tiroides) como resultado de hipotiroidismo; anticuerpos que activan los receptores de TSH (enfermedad de Graves) con aumento de la secreción de la hormona tiroidea; o procesos de TSH-independiente, tales como la inflamación asociada con tiroiditis autoinmune, tumores benignos y malignos, y la enfermedad infiltrativa.

Una vez que se detecta un bocio, la evaluación de diagnóstico adecuada está dirigido a la identificación de la causa subyacente y la evaluación de la función tiroidea. Ambos de estos factores determinará gestión. Esta opinión tema considerará bocio congénitas y adquiridas, independientemente de su función, en lactantes y niños.

Los nódulos tiroideos y cánceres, y las causas de hipotiroidismo y el hipertiroidismo en los niños se discuten por separado. (Ver “Los nódulos tiroideos y cáncer en los niños” y “manifestaciones clínicas y diagnóstico de hipertiroidismo en los niños y adolescentes” y “El hipotiroidismo adquirido en la infancia y adolescencia” .)

Tamaño de la tiroides en bebés y niños

La media volumen de la tiroides (± desviación estándar [DE]), medido por ecografía, en 68 recién nacidos a término en Chicago fue 0,9 ± 0,2 ml [ 1 ]. En un amplio estudio de los niños de 7 a 14 años de edad, de un área de yodo-suficiente de Italia, el volumen medio de tiroides aumentó con la edad de 3,1 a 6,3 ml ( tabla 1 ) [ 2 ].

 Tamaño de la tiroides se correlaciona con la superficie corporal; entre los niños de 6 a 14 años de edad, el percentil 95 superior fue de 6,2 ml por m 2 en una serie [ 3 ]. En un informe de niños de 6 a 12 años de edad de Japón, donde la ingesta de yodo es relativamente alta (mediana yodo urinario 281,6 mcg / L), los volúmenes de la tiroides eran más pequeños, aumentando de 1,5 ml a 3,8 ml durante este período la edad [ 4 ].

 Clínicamente, se utiliza la “regla de oro” para evaluar el tamaño del tiroides en niños mayores: cada lóbulo de la glándula tiroides normal es aproximadamente del tamaño de la falange distal del pulgar del niño.

 

A %d blogueros les gusta esto: