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Ictus Definición y síntomas

Ictus

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro. También se le conoce como accidente cerebrovascular (ACV), embolia o trombosis. Los dos últimos términos, no obstante, se refieren más a bien a distintas causas del ictus. Un ictus ocurre cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro se rompe o es taponado por un coágulo u otra partícula. Debido a esta ruptura o bloqueo, parte del cerebro no consigue el flujo de sangre que necesita. La consecuencia es que las células nerviosas del área del cerebro afectada no reciben oxígeno, por lo que no pueden funcionar y mueren transcurridos unos minutos.

Definición de Ictus

Un ictus (derrame cerebral) es una interrupción repentina del suministro de oxígeno en una parte específica del cerebro. Si el motivo de la falta de oxígeno es una interrupción de la circulación (isquemia), se trata de un infarto cerebral isquémico.

Un sangrado (hemorragia) en el cerebro también puede ocasionar un ictus (se denomina infarto cerebral hemorrágico). En ambos casos, las células nerviosas del área afectada sufren daños e incluso se mueren definitivamente.

Causas de Ictus

Causas de Ictus

Las tres causas típicas del ictus (derrame cerebral) son las siguientes:

  • Obstrucción de los vasos cerebrales por la arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias) o por un trombo (trombosis cerebral).
  • Obstrucción de los vasos cerebrales por una embolia (un coágulo sanguíneo o trombo originado en otra zona circula por las arterias hasta encontrar una lo suficientemente estrecha como para ocluirla y taponarla). Es lo que sucede en casos de fibrilación auricular.
  • Hemorragia cerebral, que causa aproximadamente el 20% de los ataques cerebrales.

Arteriosclerosis e isquemia cerebral

La arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias) es la causa principal de la obstrucción de los vasos sanguíneos. Con el tiempo, en las paredes internas de los vasos sanguíneos se forman las denominadas placas de ateroma (depósitos de células y grasa). Cuanto más gruesas son estas placas, más se estrecha el vaso. Las personas con hipertensión, diabetes mellitus y/o niveles de colesterol altos corren un riesgo especialmente elevado de formar placas. Si una arteria se ha estrechado mucho por las placas, deja pasar menos sangre rica en oxígeno hasta los tejidos que irriga. Además, las placas pueden romperse fácilmente. Al romperse provocan la formación de un coágulo sanguíneo (trombosis cerebral) que puede incluso obstruir completamente el vaso. Entonces, el suministro de oxígeno al tejido se ve interrumpido, dando lugar a una isquemia cerebral, y como consecuencia de ello se produce un ictus.

Embolia cerebral

Una embolia cerebral es un acontecimiento en el que un coágulo sanguíneo se intercala en un vaso sanguíneo y lo obstruye. Este tipo de coágulo sanguíneo se denomina émbolo y, al moverse libremente, puede seguir el flujo sanguíneo. Normalmente se trata de una parte desprendida de un coágulo sanguíneo más grande (trombo) que se ha formado originariamente en otra zona del árbol vascular y llega al cerebro. Estos coágulos sanguíneos grandes y normalmente inmóviles aparecen principalmente en las paredes de los vasos o en los vasos sanguíneos en los que la sangre fluye lentamente. Esto puede darse, por ejemplo, en las venas dilatadas de las piernas o en un aneurisma (dilatación de los vasos).

Asimismo, dentro del corazón pueden formarse coágulos sanguíneos (trombos) más grandes cuando las aurículas del corazón laten de forma irregular (como ocurre en la fibrilación auricular). Estos coágulos salen del corazón, se meten por las arterias carótidas que van a irrigar el cerebro y acaban obstruyendo alguna arteria por la que no caben, dando lugar a la embolia cerebral. De hecho, un 35% de los ictus que se dan en España están producidos por fibrilación auricular, que es la arritmia cardiaca más común.

Además, tras un infarto de miocardio también puede formarse un coágulo sanguíneo en la zona del músculo cardiaco dañado, ya que los cambios que se producen en el corazón tras un infarto hacen que este no se contraiga bien, se formen turbulencias y zonas donde la sangre se remansa y no fluye normalmente. Es justamente en esas zonas donde es más fácil que se formen trombos que al final salen a la circulación y acaban provocando embolias.

Hemorragia cerebral

La hemorragia cerebral (infarto hemorrágico) aparece cuando se rompe un vaso sanguíneo en el cerebro.

Si los vasos sanguíneos de un paciente están previamente dañados por la arteriosclerosis a causa de la hipertensión o de la diabetes mellitus, un aumento repentino de la presión sanguínea puede provocar la rotura del vaso sanguíneo, dando lugar a la hemorragia cerebral.

La dilatación patológica de un vaso sanguíneo cerebral (aneurisma) también puede, con más facilidad, provocar una rotura que acabe en sangrado cerebral. Si los sangrados en el cerebro son muy abundantes, los médicos hablan de derrame masivo, que puede ser fatal dependiendo de su magnitud.

Un derrame cerebral puede tener diferentes causas.

Se conocen diversos factores de riesgo que favorecen la aparición del ictus. Algunos de estos factores de riesgo no son modificables: edad avanzada, predisposición genética (aparición frecuente de ataques cerebrales en familiares de primer grado) o el hecho de que ya se haya sufrido un accidente cerebrovascular.

No obstante, hay factores de riesgo del ictus que sí son modificables. Estos son los que favorecen el desarrollo de la arteriosclerosis en los vasos cerebrales o la formación de una embolia. Si se modifica el estilo de vida y se tratan las enfermedades existentes, se reduce el riesgo de sufrir un ictus.

Los factores de riesgo son los siguientes:

  • Edad avanzada.
  • Presión sanguínea alta (hipertensión).
  • Preeclampsia en el embarazo.
  • Diabetes mellitus.
  • Trastornos del ritmo cardiaco (por ejemplo, fibrilación auricular).
  • Arterias obstruidas en el área de la cabeza y el cuello.
  • Tabaco.
  • Consumo de alcohol excesivo.
  • Trastornos del metabolismo que provocan unos niveles elevados de lípidos en la sangre (nivel de colesterol alto).
  • Sobrepeso y obesidad.
  • Falta de movimiento (inmovilización prolongada).

Síntomas de Ictus

Síntomas de Ictus

Ante un ictus aparecen síntomas porque una parte del cerebro ya no recibe suficiente oxígeno y, como consecuencia, las células nerviosas afectadas se mueren. Las células nerviosas interconectadas del cerebro controlan funciones importantes del cuerpo, por ejemplo, la conciencia, el habla, los movimientos o la vista.

Así, los síntomas del ictus son los siguientes:

  • Debilidad repentina o pérdida de fuerza muscular hasta la parálisis completa de media cara o de medio cuerpo (esto se denomina hemiplejia) o de un brazo o una pierna de una zona del cuerpo.
  • Sensación de entumecimiento (sensibilidad al tacto disminuida), por ejemplo, de un brazo.
  • Trastornos del habla (habla ininteligible, dificultades de compresión).
  • Problemas al tragar.
  • Trastornos de la vista (empeoramiento repentino de la vista en uno o ambos ojos, visión doble).
  • Mareos, sensación de vértigo, desequilibrio o confusión repentina.
  • Pérdida de la conciencia o aturdimiento.
  • Dolores de cabeza súbitos e intensos sin causa aparente.

Prevención de Ictus

La Sociedad Española de Neurología recomienda una serie de hábitos saludables para evitar sufrir un ictus:

  • Llevar una dieta rica y saludable: Esta dieta también tiene que tratar de evitar el colesterol LDL, lo que se consigue reduciendo las grasas saturadas. Además, así se evitan problemas de obesidad: una persona debe mantener su índice de masa corporal por debajo de 25 para reducir el riesgo de ictus.
  • Realizar ejercicio de forma habitual y moderada: Los problemas derivados de una vida sedentaria pueden provocar otros problemas que a su vez causen un ictus.
  • No fumar: Además, la exposición pasiva al tabaco también aumenta la probabilidad de sufrir un ictus.
  • Moderar el consumo de alcohol: El consumo de alcohol no debe superar los 60 gramos al día, pero esto no significa que haya que evitarlo a toda costa: aquellas personas con un consumo leve (menos de 12 gramos al día) o moderado (entre 12 y 24 gramos al día) de alcohol tienen menos probabilidades de sufrir un ictus que aquellas personas que no lo consumen.
  • Llevar un control de la tensión arterial de forma regular: Para ello se pueden llevar controles sobre la tensión arterial. En aquellas personas que no hayan sufrido un ictus anteriormente la tensión arterial debería ser inferior a 140/90, y para diabéticos o personas que ya hayan sufrido un ictus, inferior a 130/80.

Tipos de Ictus

Tipos de Ictus

Los problemas de los vasos sanguíneos cerebrales pueden ser de dos tipos:

1. Ictus isquémico:

Los vasos están obstruidos dentro. Los coágulos causantes del problema se denomiman trombos cerebrales o embolismo cerebral. Causado por una obstrucción del vaso sanguíneo. Este problema se suele producir por el desarrollo de depósitos de grasa en los muros del vaso, lo que se denomina ateroesclerosis. Los depósitos de grasa provocan dos obstrucciones:

  • Trombosis: un coágulo que se desarrolla en el mismo vaso sanguíneo cerebral.
  • Embolismo: el coágulo se desarrolla en otra parte del cuerpo, generalmente en las grandes arterias de la parte superior del pecho y el cuello o el corazón. Una porción del coágulo se desprende y viaja por el flujo sanguíneo hasta que encuentra un vaso que es más pequeño y lo bloquea.

Los ictus isquémicos son los más frecuentes de todos los ictus, comprendiendo un 80 por ciento del total. En España se estiman de 150 a 200 casos anuales por cada 100.000 habitantes. Los dos tipos de ictus isquémicos más frecuentes son:

  • Ataque isquémico transitorio (AIT): Presenta unos síntomas similares a los de un infarto, pero es más corto y no muestra las consecuencias propias de un infarto. El AIT es un episodio de déficit neurológico de corta duración que en la mayoría de los casos dura menos de dos horas. Entre el 7 y el 40 por ciento de los pacientes que sufren un AIT, poco después sufren un ictus isquémico.
  • Infarto cerebral: Deja una lesión cerebral permanente.

Según su extensión y localización, los ictus isquémicos pueden clasificarse de la siguiente manera:

  • Ictus isquémico total: Es de gran tamaño y afecta a la arteria cerebral media o la arteria cerebral anterior. Provoca disfunción cerebral superior, hemianopsia homónima y déficit motor y/o sensitivo homolateral.
  • Ictus de Circulación Posterior: Afecta a los pares craneales que provocan déficit motor y sensitivo contralateral. Provoca patología oculomotora, disfunción cerebelosa sin déficit de vías largas ipsilaterales y hemianopsia homónima aislada.
  • Ictus Lacunares: Provocan hemisíndromes motor puro, sensitivo puro, sensistivo motor, hemiparesia atáxica y disartria.

2. Ictus hemorrágico:

El vaso se rompe, lo que provoca que la sangre irrumpa en el cerebro. Al entrar la sangre comprime el tejido cerebral. Existen dos subtipos de este tipo de ictus, la hemorragia intercerebral y la subaracnoidea. Sucede cuando se rompe un vaso sanguíneo débil. Existen dos tipos de estos vasos débiles que provocan ictus hemorrágicos: los aneurismas y las malformaciones arteriovenosas.

  • Aneurisma: es una región inflada o debilitada de un vaso sanguíneo. Si no se trata el problema crece hasta que el vaso se rompe.
  • Malformación arteriovenosa: es un grupo de vasos sanguíneos formados de manera anormal. Cualquiera de estos se puede romper.
  • Ataques isquémicos transitorios: las condiciones indicativas de un ictus isquémicos se presentan durante un pequeño periodo de tiempo, y se resuelve por sí solo a través de mecanismos normales. Es un indicativo potente de un ictus, por lo que cuando se produce, hay que tomar medidas para evitar un ataque más serio.

Las hemorragias cerebrales suponen el 15 por ciento de todos los ictus y presentan una tasa de mortalidad del 45 por ciento. Afectan de 10 a 30 personas por cada 100.000 al año, y la recuperación de los supervivientes no es rápida: solo un 10 por ciento de ellos podrá ser independiente al  cabo de un mes, y el 20 por ciento lo será a los seis meses.

Las hemorragias subaracnoideas, por otra parte, son menos frecuentes, registrando sólo el cinco por ciento de todos los ictus. Se dan de siete a 10 casos por cada 100.000 personas cada año, y es más común entre la gente entre 50 y 60 años, especialmente las mujeres. La tasa de mortalidad se encuentra en un 51 por ciento.

Diagnóstico de Ictus

Diagnóstico de Ictus

Habitualmente, el médico puede diagnosticar un ictus por medio de la historia de los hechos y de la exploración física. Esta última contribuye a que el médico pueda determinar dónde se localiza la lesión cerebral. También se suelen realizar pruebas de imagen como una tomografía computadorizada (TC) o una resonancia magnética (RM) para confirmar el diagnóstico, aunque dichas pruebas sólo detectan el ictus cuando han transcurrido unos días del mismo. Una TC o una RM son también eficaces para determinar si un ictus ha sido causado por una hemorragia o por un tumor cerebral. El médico puede realizar una angiografía en el caso poco probable de que se plantee la posibilidad de una intervención quirúrgica.

El médico trata de establecer la causa exacta del ictus, puesto que es especialmente importante determinar si éste se ha producido por un coágulo (embolia) que se alojó en el cerebro o por la obstrucción de un vaso sanguíneo debido a una aterosclerosis (aterotrombosis).

En efecto, si la causa es un coágulo o una embolia es muy probable que ocurra otro ictus, a menos que se corrija el problema subyacente. Por ejemplo, si se están formando coágulos en el corazón debido a una frecuencia cardíaca irregular, ésta debe tratarse a fin de prevenir la formación de nuevos coágulos que pudieran causar otro ictus. En esta situación, el médico suele realizar un electrocardiograma (para detectar una arritmia) y también puede recomendar otras pruebas de estudio del corazón. Éstas pueden ser: una monitorización Holter, que consiste en la realización de un electrocardiograma continuo durante 24 horas, y una ecocardiografía, que valora las cavidades y las válvulas del corazón.

Aunque las demás pruebas de laboratorio son de poca utilidad, se hacen igualmente para confirmar que el ictus no fue causado por una carencia de glóbulos rojos (anemia), un exceso de glóbulos rojos (policitemia), un cáncer de los glóbulos blancos (leucemia) o una infección. En alguna ocasión se necesita una punción lumbar después de un ictus. De hecho, esta prueba se lleva a cabo solamente si el médico está seguro de que el cerebro no está sujeto a demasiada presión y ello generalmente requiere una TC o una RM. La punción lumbar es necesaria para comprobar si existe una infección cerebral, para medir la presión del líquido cefalorraquídeo o para determinar si la causa del ictus ha sido una hemorragia.

Tratamientos de Ictus

Tratamientos de Ictus

El tratamiento es distinto si el ictus es debido al bloqueo de un arteria o a causa de la ruptura de un vaso En todo caso, hay algunos pasos que hay que seguir para mejorar la supervivencia:

  • Reconocer rápidamente los signos y síntomas del ictus, anotando cuando ocurren por primera vez.
  • Activar con rapidez los servicios de emergencia.
  • Transporte rápido de emergencia y prenotificación al hospital. La mejor forma de llegar al hospital es mediante estos servicios, puesto que advertirán cuanto antes al servicio de urgencia del hospital.
  • Llevar a los pacientes a una Unidad de Ictus, centros médicos especializados en el tratamiento de esta enfermedad. Hay varios tipos (agudos, de estancia completa, para rehabilitación).
  • Comenzar el cuidado y la evaluación del paciente durante el transporte al hospital: En cuanto el paciente sufra un ictus, los servicios médicos responsables deben tener en cuenta determinados aspectos del paciente como una adecuada oxigenación, así como controles de alimentación, presión arterial, glucemia, fiebre u otras complicaciones.
  • Recibir el diagnóstico y el tratamiento rápidamente en el hospital para que esté bajo vigilancia intensiva.
  • En ocasiones se debe recurrir a la cirugía para eliminar el coágulo que bloquea las arterias del cerebro.
  • Cuando el ictus ya haya pasado, el tratamiento depende de las incapacidades que le hayan quedado al paciente.
Ictus Definición y síntomas
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¿Qué es un Ictus?
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¿Qué es un Ictus?
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El ictus es una enfermedad cerebrovascular que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro. También se le conoce como accidente cerebrovascular (ACV), embolia o trombosis. Los dos últimos términos, no obstante, se refieren más a bien a distintas causas del ictus. Un ictus ocurre cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro se rompe o es taponado por un coágulo u otra partícula.
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